Me late el corazón tan fuerte que creo que me va a reventar.

Odio, rabia, furia. Lo sé, si ese Dios existiera, yo en este momento no estaría junto a Él.

Tras mi muralla, edificada en sentimientos, vivo sola. Combato con un ejército que intenta conquistar mi castillo.

La fortaleza aguanta , pero la noto temblar en sus cimientos. No sé cuanto más durará esta batalla. Estoy segura del posterior asedio.

Odio admitir que estoy perdida, pero mi esperanza y la valentía de mis caballeros no morirá en vano.

Se desvanecen miles de flechas al chocar con mis murallas, no son nada frente a la firmeza de mis principios. Pero por el perfil de una saetera entra una. Casualidad, causalidad.

Extraña la situación, cierro a cal y canto las puertas. Dejo fuera a todos. Y mi pueblo que presumía de honesto, humanitario, humilde, sencillo, solidario, y toda esa lista de valores que hacen la fama y la gloria, se ve acorralado.

No sé dónde llegará ni cuándo terminará la batalla. El sol se pone en las colinas miel, bajo el influjo de mis pestañas.

Preveo que va a llover.