Esta obra pintada en 1881, de gran rigor histórico, se encuentra a día de hoy en el Museo del Prado. Se trata de una de las primeras grandes obras del pintor malagueño José Moreno Carbonero. Una obra muy cuidada, incluso en el estudio de los ropajes; no en vano, Moreno Carbonero, es uno de los mejores pintores historicistas de nuestra pinacoteca nacional.

El hombre del cuadro no es otro que Carlos de Viana, o Carlos de Trastámara y Évreux, representado con grueso manto y medallón al cuello, acorde a su posición de heredero de dos de los grandes reinos de España. Los reinos de Navarra y Aragón eran suyos por derecho de linaje al ser hijo de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra.

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El príncipe don Carlos de Viana, por José Moreno Carbonero (1881), Museo del Prado.

Este cuadro sitúa al príncipe en la mitad de su vida, tras la guerra civil y la siguiente guerra, logra transmitirnos la personalidad del personaje, al menos sus sentimientos en el momento de la escena. Melancolía, introversión, intelectualidad, abandono… Todo lo que le rodea refuerza y acentúa esta sensación de reclusión que sufre en ese instante inmortalizado en el óleo.

Carlos de Viana fue un personaje que cobró nueva fama en los años del romanticismo y del que se hicieron numerosos retratos, como este, o de diferentes episodios de su vida (su muerte quizás fue uno de lo más representados). Del joven Carlos se escribieron historias además de pinturas, salidas algunas de la pluma de Zorrilla (Lealtad de una mujer y aventuras de una noche) o de Gertrudis Gómez de Avellaneda (El príncipe de Viana).

La Historia del Príncipe de Viana

Educado para ser rey, Carlos se convirtió en un apasionado de la cultura y el arte, cuyos gustos iban desde la música a la pintura pasando por la literatura. Gracias al Inventario de los bienes del Príncipe de Viana que se ha conservado, se sabe que la biblioteca del príncipe albergaba una inmensa colección de obras filosóficas, que incluía varias copias de la Ética de Aristóteles, comentarios de dicho texto y una gran cantidad de obras de teología.

Su biblioteca también contenía obras tanto clásicas como medievales, en latín y en lengua vulgar, entre ellas, varias novelas de caballerías: Del sant grealTristany de LeonisOgier le Danois. Muchos de estos libros inspiraron al joven infante en su creación literaria, la mayoría realizada en Nápoles: Crónica de los Reyes de Navarra(1454), Traducción de la Ética a Nicómaco de Aristóteles (1458), Epístola a los valientes letrados de España (1457), Traducción de De toda condición de la noblezade Plutarco,yDebates epistolares con Joan Roís de Corella (1461).

Ausias March leyendo sus trovas al Príncipe de Viana (Museo Nacional del Prado)

Cuando murió su madre en 1441, Carlos tenía 21 años, y se convirtió en heredero de los Estados de Navarra y de Nemours, aunque en su testamento, Blanca, solicitaba a su hijo que no tomase el título real sin la bendición y el consentimiento de su padre, buscando apaciguar las relaciones entre padre e hijo, que no debían de ser muy buenas al juzgar por esta parte del testamento.

Pero su padre no permitió que su hijo reinase sobre Navarra ni reconoció sus derechos en Aragón.

La fama de su padre no era buena, se le criticaba en Castilla por entrometerse en sus disputas, en Aragón por no atender al reino y en Navarra por tener que financiar sus guerras en Castilla.

Todo empeoró tras las segundas nupcias de su padre con Juana Enríquez (abril de 1444), mujer ambiciosa e imperante. Las discordias entre padre e hijo se acentuaron, llegando a la pública repudia por su padre en beneficio del nuevo hijo de ambos: Fernando “El Católico”. Esta lucha familiar terminó en una batalla dinástica cuyo resultado fue una guerra civil en 1451. 

En 1452, Carlos, aunque apoyado por el rey de Castilla, fue derrotado y capturado. Sería liberado tras la firma de la “concordia de Valladolid“, pero volvería al combate meses después, fracasando de nuevo. Es entonces cuando parte hacia el exilio, primero pasando por Francia y luego terminando en Nápoles, junto a su tío Alfonso V de Aragón (hermano de su padre) que gobernaba el reino desde allí. Estuvo poco tiempo en la Corte de su tío Alfonso, ya que encontró aposento a su medida en un monasterio cercano a Mesina. Allí, en Nápoles, rodeado de libros y con la compañía de un perro, llevó una vida dedicada al estudio y la lectura.

Cuando murió su tío, su padre Juan, que era lugarteniente del reino, se convirtió en rey de Aragón. Ofreciéndole a Carlos las coronas de las Dos Sicilias, pero las rechazó, regresando a la península en 1459 buscando reconciliarse con su padre.

Entonces, los partidarios de Carlos, iniciaron las negociaciones para que este contrajese matrimonio con la hermanastra de Enrique IV de Castilla (Isabel la Católica), que tenía 9 años. Pero Juan II —mejor dicho, Juana Enríquez— tenía ya sus planes, puesto que reservaba ese matrimonio para su hijo Fernando, que tenía 7 años.

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Tumbas de Juana Enríquez y Juan II

Para no tener más “dolores de cabeza”, Juan, ordena la captura de su hijo Carlos; que se hace efectiva el 2 de diciembre de 1460, en Lérida.

Este acto alteró a catalanes y navarros que se alzaron en armas contra Juan II, viéndose obligado a poner en libertad al infante apenas dos meses después. Pero el mal ya estaba hecho, aquellos meses de invierno hicieron mella en la salud del joven príncipe, puesto que su padre lo había encerrado sin ningún privilegio, ni tan siquiera ropa de abrigo… la humedad, falta de higiene, la mala alimentación de aquellos días y el frío de su celda se encargaron del resto.

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La prisión del príncipe de Viana, de Emilio Sala Francés (Museo Nacional del Prado)

En el tratado que Juan II firmó para esta liberación, se le prohibía entrar en Barcelona sin permiso de la Generalidad, ciudad que acogería a don Carlos y en la que entraría de forma triunfal en marzo de 1461, convertido en un símbolo para los catalanes por su alzamiento contra Juan II, rey que había “cedido” por dinero a Luis XI de Francia el Rosellón y la Cerdaña. Fue elegido por petición popular como primogénito de Juan II, heredero de la corona aragonesa jurando su cargo como Lugarteniente perpetuo de Cataluña en junio de 1461.

Pero el 23 de septiembre de 1461, el príncipe falleció en Palacio Real de Barcelona, con apenas 40 años. Todo el mundo sospechó de que había sido envenenado por su madrastra Juana Enríquez, acusación que llevó de nuevo a la Guerra Civil en la que se vieron involucrados los reinos de Castilla y Portugal —por un lado— y los de Francia y Aragón por el otro, además de las casas nobles de Cataluña divididas en ambos bandos. La muerte de Carlos, o más bien las acusaciones sobre su madrastra, fueron la chispa de una mecha que se venía acortando desde hacía casi 1 siglo.

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Muerte del Príncipe de Viana de Vicente Poveda (1887) Museo del Prado

¿Qué es el título “Príncipe o princesa de Viana”?

Por hacer un símil rápido, era a Navarra lo que es hoy el Príncipe/princesa de Asturias al Reino de España. El título que ostentaba el heredero del Reino de Navarra.

Fue instaurado por Carlos III de Navarra para su nieto Carlos (el mismo que nos ocupa). Tras la conquista de Navarra por los castellanos en 1512 el título se unió a los de Príncipe de Asturias (heredero de Castilla), Gerona (heredero de Aragón), Duque de Montblanc (también de Aragón), Conde de Cervera y Señor de Balaguer (estos últimos también vinculados a la corona aragonesa).