La historia de la pintura y del coleccionismo van de la mano. Para componer una colección hay que seguir un criterio, cada cuál tiene el suyo: estética, ciencia, literatura, naturaleza, humanismo, etc.. El Museo del Ejército, como no puede ser de otro modo, escogió batallas.

BATALLA DE PAVÍA. FERRER DALMAU.

Introducción

Hasta el 7 de enero tienen un plan perfecto en Toledo, ir a visitar el Museo del Ejército y, en particular, la exposición temporal ‘Pinturas que libran batallas’, una colección de Pedro Ramón y Cajal, con 45 obras, de entrada gratuita y con una amplia visión de este género pictórico.

El género de batallas es universal, todos los pueblos y a lo largo del tiempo, siempre ha habido alguien que luchaba, entraba en conflicto o guerreaba y, todo ello, era retratado. Buscando el honor, la gloria, el horror, el aprendizaje.

BATALLA CAMPAL CON RUINA AL FONDO. SIGLO XVII. EL RETO HISTÓRICO.

La exposición se divide en varias zonas: siglo XVII italiano, barroco, neoclasicismo, romanticismo, realismo y contemporáneo. Con fondo azul y amplitud para pasear entre las obras. Quizás falla un poco la luz, a veces tan incipiente que creaba sombras que impedían la correcta visualización de las obras. Por el resto, la colección era particular, completa y muy curiosa.

Recorrido

Es sencillo, solo hay que dejarse llevar por las estructuras que separan las obras, es una ruta intuitiva y en la que no necesitamos usar planos. Son solo 45 obras, no tienen pérdida. 

SITIO DE GERONA. MARCELINO UCERA. EL RETO HISTÓRICO.

Lo importante, desde nuestro punto de vista, es seguir las épocas en orden, para entender los avances pictóricos por épocas y los estilos del momento. Como los historicistas del XIX o la nueva era de realismo con Dalmau. 

Destacables

La ‘Batalla del Puente Milvio’ es un grabado que deja con la boca abierta. Presenta aún las marcas de los pliegues, por lo que suponemos que estuvo arrinconado en una carpeta durante algún tiempo. Ahora luce en un marco con cristal museo, algo reseñable tratándose de una colección privada. Este cuadro tiene una simbología especial: aparece una cruz en combate, considerada la primera de la historia, y partir de entonces siempre se incluyó. En este momento histórico se fija la creación de las órdenes militares de caballería, según la tradición popular. 

 Los lienzos ovales de la escuela italiana del siglo XVII son muy llamativos, no solo por su enmarcación, también por sus protagonistas, que se entrevén de distintas culturas, siempre a caballo y con fondos de horizonte muy difuminados. De hecho, si uno tira de repertorio, ve en más de una ocasión el ‘Duelo a garrotazos’ de Goya, a caballo y algo más definidos, pero duelos. Otro detalle que me gusta de estos lienzos es que componen una colección realmente estética: todos esos cuadros colocados simétricos con sus formas ovales dentro. Podrían decorar cualquier pared de un hogar que se precie.

La Batalla del Portillo en 1808, Zaragoza’. Si las gaditanas se hacían tirabuzones, las zaragozanas no se quedaban atrás. Esta obra me gusta por muchas cosas. La primera, el mensaje: las mujeres no se quedaron en casa, llorando, salieron a luchar por lo que creían, como el que más, sin escudos, sin espadas, sin bayonetas, no necesitaron más que sus manos para deshacerse de los franceses invasores.

Las pinceladas, me parece que tienen mucha fuerza y que con trazos abstractos son capaces de recrear una expresión, de horror o de lucha, de poder o de humildad. El caos; me encanta como se refleja el caos, el no saber dónde se está siquiera, el pánico de caer bajo las patas del caballo, de que te domine el humo o la incertidumbre del fondo.

Y, cómo no podía ser de otra forma: el costumbrismo dentro de una obra de temática bélica histórica, odio que se olvide el trasfondo de una obra bélica, no solo es gente luchando, son ideales, costumbres, pueblos, personas, culturas y momentos determinados.

ZARAGOZANAS. 1808. EL RETO HISTÓRICO.

‘Carga de Caballería’, de Wilhem Camphausen, siglo XIX. Esta obra me gusta por la calidad pictórica que tiene. Tiene muchos detalles, una pincelada suelta, un punto de fuga central y casi cruciforme que hace que la luz del cuadro caiga en vertical desde el entro hacia abajo, cómo si la luz fuese a derramarse. Y las espadas, que forman una línea horizontal frente al fondo, casi esfumado entre tanto choque de hierro. Como principales: el señor del bigote y el sombrero de la pluma y el muerto, con su sangre roja sobre sus ropajes verdes y oros.

‘Muerte de Daoíz y Velarde’, de Marcelino Ucera, siglo XIX. Esta obra es de pequeño formato,  que recoge el momento de la muerte de estos dos héroes de la guerra de la independencia. Me parecen particularmente llamativos por su nitidez y definición, parecen cómics del siglo XXI. Y el momento exacto, el francés hiriendo a mala leche mientras que el soldado español sujeta a su compañero y defiende su cuerpo a la vez. Y volvemos al caos de la guerra, tan horrible en al realidad y tan envolvente en la pintura.

DAOIZ Y VELARDE

‘La batalla de Pavía’, Ferrer Dalmau, de 2017. Me parece increíble el realismo de esta obra, pero un realismo de pinceladas enérgicas y nítida. De colores fuerte y emociones irresistibles. Esta obra me hace reafirmarme: no debemos denostar el arte contemporáneo, sea de estilo academista o de vanguardia, aún se siguen haciendo buenas obras. Sinceramente, la temática de la batalla de Pavía no es de mis favoritas, de hecho, lo que sé lo he aprendido hoy gracias a Dalmau y su colores que me han hecho querer saber qué pasó, quiénes eran esos hombres aguerridos que ha pintado.

Conclusiones 

Son necesarias este tipo de exposiciones temporales, ya que las colecciones privadas contienen grandes obras que si no son de esta manera jamás se conocerían o verían. Y me quedo con la reseñas a la Guerra de la Independencia, que parece olvidada en este país, y supuso muchísimo.

Recomendaciones

No se preocupen por el precio de la entrada al Museo del Ejército, entrar a esta exposición es gratuita y con ella se puede acceder a los jardines, que tienen una vista de Toledo increíble y a la cafetería, que posee precios muy competentes (café y tostadas 3€) y acceder a vislumbrar las ruinas que han sido cimiento del alcázar durante mucho tiempo. También a la tienda del museo, a una pequeña exposición de espadas y se puede ver el coche en el que atentaron contra Eduardo Dato, con sus orificios de bala intactos. Es una exposición pequeña, por lo que con 50 minutos tiene ustedes de sobra y, pueden llevarse a casa imágenes de los cuadros, ya que se permite la fotografía sin flash ni palo de selfie.