La belleza del primer amor, los colores cálidos y cítricos de Italia y  lo efímero del verano. La sinopsis es sencilla, Elio vuelve por vacaciones a la villa familiar en el norte de Italia, pasa los días dedicándose a lo liviano. Pero todo cambia cuando Oliver llega a la casa y cae embaucado por el embrujo de los italianos. 

Llámame por tu nombre, de Luca Guadagnino, 2018

“Siempre he pensado que las personas que leen mucho tienen algún secreto escondido”

Puede que tu piel sea testigo silencioso de una lágrima que desciende sin prisa en dirección a ninguna parte. Puede que nada que ver contigo tenga el primer plano cinematográfico de un adolescente, por decirlo sin rodeos, con el corazón roto por primera vez. No es una mirada a cámara, de esas que rompen la cuarta pared interpelando directamente al público. Es una mirada dirigida hacia ninguna parte; procedente del vacío interior, tan sólo intuido con la presencia del cuerpo de un actor. Es otro, y no es nadie, y somos todos.

No es nadie, porque hace un momento, en la secuencia inmediatamente anterior, hemos sido testigos de una paradójica conversación telefónica en la que ese mismo personaje que ahora llora, llamaba a su amante con su propio nombre: “Elio”. Y su amante, a través del auricular, lo llamaba también con su mismo nombre de pila: “Oliver”. Tal vez no sea simplemente el juego en clave de dos enamorados para salvaguardar la pureza de su ilícito –a ojos de toda la sociedad, tan sólo– deseo. Es mucho más. Es la tragedia: uno sólo alcanza a decir su propio nombre cuando cree designar el descubrimiento de lo absoluto en un alma gemela. Es la soledad, el signo del tiempo, misterio inexorable del final al que el mundo entero se precipita. Nada ni nadie puede escapar a la tiranía de Cronos.

Llámame por tu nombre, de Luca Guadagnino, 2018

Es por eso, probablemente, por lo que esta historia debía desarrollarse en Italia. Lo afirma quien lo sabe: sólo el extranjero que pone un pie en aquella tierra comprende por vías que no conoce la razón el silencioso misterio que toda la materia murmura a media voz. El fresco capaz de reparar las heridas bajo la piel durante un baño en el lago di Garda. La luz roja del final del verano. La decadencia sempiterna de los monumentos, hijos de los más terribles delirios del ser humano y testigos indiferentes de los renovados desmanes de cada nueva generación. Es el tiempo detenido de un amanecer, es la efímera eternidad de saberse aquí y ahora, avasallado por la terribilidad de la belleza y su contradicción. Es el meloso soniquete del idioma por el que es preferible callar y escuchar en lugar de hablar; es el silencio al que resulta inevitable acogerse para aprender a no-ser.

Llámame por tu nombre, de Luca Guadagnino, 2018

Oliver, un inteligentísimo estudiante norteamericano, cae, como todos, presa de este poderoso encantamiento que murmura cada piedra y cada color en Italia. No es así para Elio: ¿qué puede ofrecerle a él, en cambio, su entorno de cada día? La experiencia del tiempo del adolescente es la indiferencia. Sólo cabe esperar a que pase el verano. Pero las horas inconscientemente perdidas, el ritmo ingrávido de la seguridad familiar, de pronto se quiebran. “Adolescente” es aquel que “adolece”, quien pasa de la indiferencia a padecer el dolor de soportar el ingente peso del mundo. Porque el tiempo pasa, porque ese mundo que tanto pesa se agota. Y nada puede impedir su final.

Elio está tendido, indiferente, en el sofá. Es ingrávido, está acompañado de la seguridad de papá y mamá. Ella lee en alta voz una antiquísima leyenda en la que un príncipe y una princesa se debaten entre la palabra y la muerte. ¿Decir o morir? Y Elio, que es un lector, ante todo, se reconoce allí. Es Italia, sí, por eso no podía faltar el “alma mater” de todas las historias que allá se han contado: la Divina commedia del Dante. En aquella obra, Francesca da Rimini y Paolo Malatesta también reconocían su ilícita pasión al leer los romances de Lancelot y Ginebra en la leyenda artúrica.

Llámame por tu nombre, de Luca Guadagnino, 2018

Elio cae entonces de bruces en el mundo. Y ese mundo tiene un nombre: Oliver. Un nombre prohibido e inesperado –“el amor es difícil”, lo dijo Rilke en sus recomendaciones a los enamorados–, inaceptable, pero también ineludible. La eternidad llega y se impone en el cuerpo del amante; la tragedia se anuncia no obstante. Sólo la decadencia de la monumental Italia puede ser testigo y cómplice a un tiempo de semejante delirio. Y llegan a ser un solo cuerpo de plenitud, cuando Oliver accede a los sueños de Elio la última vez que duermen juntos en Bérgamo. Los sueños: el único lugar en el que dos enamorados no pueden, en un principio, estar juntos. Se puede dormir acompañado, abrazado, pero siempre se sueña individualmente. Y a pesar de tan rígida ley de la naturaleza, Oliver llega a ver con sus ojos lo que Elio imagina su sueño.

Llámame por tu nombre (Luca Guadagnino, 2018).

Todos los seres humanos, también tú, lector, llevamos en nuestro ADN el misterio del tiempo grabado a fuego. Eres un ser único e irrepetible, sólo dispones del aquí y del ahora para sufrir y para gozar del inmenso don de estar vivo. Y a pesar de todo, llevas en tu cuerpo la información de todo el universo: por ello repetirás en tu carne su misma historia. Soportarás el peso del mundo, quieras o no quieras, pero, ¡detente! Jamás podrás descifrar el jeroglífico que se dibuja en el rostro de Elio al final de la película; el que no puede llegar a nombrar a ese mundo quebrado sino con su propio nombre: “Elio, Elio, Elio…”. “Oliver, Oliver, Oliver…”.

Aquella mirada a cámara, mientras bajan las lágrimas, mientras suben los títulos de crédito, es cine. Porque el cine explora lo particular y concreto del cuerpo fingido de un actor para revelar los secretos más abstractos y universales posibles. El secreto que murmura Italia, y que tal vez tú también, lector, escucharás algún día y tendrás que portar, junto a todo el peso del mundo; un mundo en el que no podrás quedarte a vivir –“lasciate ogni speranza, voi ch’entrate”–, pero al que podrás regresar cada vez que lo desees para salir de tu indiferencia.

“Elio, Elio, Elio…”. “Oliver, Oliver, Oliver…”

FICHA TÉCNICA

Título OriginalCall Me by Your Name // Llámame por tu nombre

Año: 2017
País: Italia – Francia – Brasil – USA
Género: Drama • Romance / Idioma: Inglés, italiano, francés, alemán, sub. esp.
Duración: 132 min / Clase C
GuiónJames Ivory; basado en la novela homónima de André Aciman.
ProducciónEmilie Georges, Luca Guadagnino, James Ivory, Marco Morabito, Howard Rosenman, Peter Spears, Rodrigo Teixeira.
FotografíaSayombhu Mukdeeprom.
MontajeWalter Fasano.
MúsicaSufjan Stevens.
Director de ArteSamuel Deshors.
ActoresTimothée Chalamet (Elio), Armie Hammer (Oliver), Michael Stuhlbarg (Mr. Perlman), Amira Casar (Annella), Esther Garrel (Marzia),Victoire Du Bois (Chiara).