Como guerreros de terracota. Cientos de Curros amontonados en filas, mirando despostillados, con su eterna sonrisa a la nada. Ya no hay niños ni adolescentes que se suban en ellos. Ni cinco duros que insertar. Perdieron su función. 

CURRO EXPO 92 SEVILLA

Ellos, al contrario de los guerreros, ya no protegen a nadie, ni son tan enigmáticos. Hay a quien evocan miedo incluso. ¿Qué te ha ocurrido Sevilla 92? ¿Tan mal nos trataste para delegarte al ostracismo y abandonar lo que queda de ti? 

El blog de Yo fui a la EGB  ha encontrado en una tienda de antigüedades de la autovía de Utrera un montón de ‘carricoches’ de Curro, mascota de la Expo 92, en un estado singular. No están abandonados, pero sí en acumulados en estantes a la intemperie. Lo más divertido, es que  pueden comprarse y alquilarse, haciéndonos así eco de nuestra nostalgia, infancia, adolescencia y de las monedas de 5 duros conservadas en bajos de cojín de sofá de la abuela. 

curro expo 92 sevilla

Y todo este revuelo con nuestros ‘guerreros’ Curro nos ha traído a la mente muchas más circunstancias adversas y malogradas de la Expo 92. ¿Han paseado por La Cartuja de Sevilla? Yo lo estuve haciendo durante 5 años, cada día, a veces hasta iba más de dos veces. El C2 y el C1 pasean por el antiguo reciento y si vivías en la zona de la Alameda o Macarena caminabas cruzando el puente de la Barqueta y paseando por delante de Isla Mágica y el falso río, ahora muerto y lleno de malas hierbas. 

El suelo desmontado por las raíces rebeldes, las cebras han perdido sus rayas, las escaleras mecánicas ya no fluyen por la X de México, el funicular  raído y oxidado, repleto de cristales rotos y malas pintadas. 

Y más allá de la Avenida Américo Vespucio, de la zona de la Facultad de Comunicación hacia las vías del tren, es una selva. Edificios abandonados, garitas convertidas en baños, zonas ajardinadas que son solo descampados destrozados propicios para el aparcamiento. Y nostalgia. La bola del mundo—esfera bioclimática en otro tiempo— ya no se ilumina. Las banderas pintadas en los pináculos están descoloridas. Solo quedan en pie torres acristaladas y sucias, llenas de abotargados empleados, casi maldecidos por tocarle trabajar en La Cartuja y no con vistas a la Giralda o a una bonita casa de San Jacinto. 

Han abandonado a Curro. Hemos abandonado La Cartuja. Pero el inicio para recuperarla está en nuestras manos. Pasee. No lo haga a medio día y en pleno verano,  pero pasee en el otoño o la primavera sevillana. Busque el pabellón de Alemania y el trozo de muro de Berlín, el cohete, los auditorios,… piérdase a través de las zonas de sombra y vea la decadencia de la Expo. Y así, con gente que pasea y denuncia la situación de unas instalaciones como estas quizás aún no perdamos a Curro.