Para conocer una ciudad no basta con pasear por sus calles, hay que saber reconocerlas a vista de pájaro. Granada, por su orografía, invita a subir a las montañas, a los cielos si es necesario, para verla en su totalidad, completa, con sierra, vega y casi el mar. 

Granada Alhambra

Granada es una ciudad especial, dónde diferentes ambientes y culturas se entremezclan hasta la eternidad. Pasear por sus calles supone ir viajando por la historia: la medieval Alhambra, la árabe calle Elvira y su puerta de muralla, el católico Hospital Real, la renacentista Catedral o Gran Vía de Colón con su neogótico y modernismo.

A ras de suelo debes fijarte en ventanas, ornamentos, puertas, llamadores, soportales, puentes… y elevar la vista para no perderte las cúpulas, los cimborrios, las campanas y las lejanas vistas de la blanca Sierra Nevada.

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Pero Granada tiene muchos lugares a vista de pájaro, lo que los mortales llamamos miradores. Algunos son mundialmente conocidos como el mirador de San Nicolás, la Torre de la Vela, San Miguel Alto, etc. y otros quedan más ocultos, encerrados en la ciudad laberíntica, como pequeños miradores que te asaltan al subir al Albaycín, cafés ocultos en el Realejo o clásicos lugares como la Huerta de Juan Ranas o el Alhambra Palace.

Alhambra Palace

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Foto Alhambra Palace.

Éste último es el lugar que he escogido para tomarme un café con vistas a Granada. Un hotel cinco estrellas, un espacio dónde el romanticismo, el reinado nazarí y el siglo XXI intentan darse la mano.

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El Duque

De sobra conocemos sus precios para alojarse, quizás solo al alcance de aquellos que tienen alto poder adquisitivo o un título nobiliario (se conoce que la reina Doña Sofía es cliente habitual), pero no por ello vamos a rendirnos, queremos sus vistas y su ambiente del siglo XIX. 

Y tampoco estamos dispuestos a perdernos su historia, que no solo es la de un hotel, es la de un edificio pionero, la de paredes alhambrescas de Balbás, la del terciopelo verde, la de los teatrillos lorquianos y música de Falla. Es la historia de una ciudad a través de un emblemático edificio regionalista que intenta conservar a Granada en su interior y a España en el exterior.

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Teatrillo del Alhambra Palace

El hotel fue ideado por Julio Quesada-Cañaveral y Piédrola, VIII Duque de San Pedro de Galatino, granadino y adelantado a su tiempo, con miras futuras en todo aquello que realizaba y con gran poder para realizarlo.

El Hotel Alhambra Palace responde a una necesidad de la época, el incipiente turismo se deja ver a finales del siglo XIX y el Duque ve cómo un hotel cerca del motivo principal del turismo es un negocio redondo. Pero su visión más allá, Granada es Alhambra y Sierra Nevada, por lo que monta otro hotel en la sierra, e impulsa el transporte para llegar a ella, crea un tranvía de Granada a Sierra Nevada (que estuvo funcionando hasta los años 70).

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Tranvía que iba a Sierra Nevada, impulsado por el Duque de San Pedro de Galatino. Foto de Ideal.

La construcción del hotel fue toda una odisea, no solo por su ubicación, sino por la arquitectura y materiales escogidos. Fue el primer edificio de Granada construido con estructura metálica, su portada está inspirada (copiada) de las murallas de Ávila y su torre es la Torre del Oro de Sevilla, su interior es neomudéjar y neonazarí, y fue decorado con yeserías y azulejos por Balbás, como pruebas para restaurar los palacios nazaríes de la Alhambra.

Se inauguró en 1910 y se convierte en un lugar de encuentro para Granada gracias a su casino y su teatrillo/cine dónde se celebran tertulias, el primer concurso de cante jondo y en el cuál personajes relevantes de lo social, cultural e institucional de la ciudad se reunían, como Federico García Lorca, Manuel de Falla, Rodríguez Acosta o Angel Barrios.

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En 1923, el General Primo de Rivera prohíbe el juego y cierra los casinos de toda España, incluido el del Alhambra Palace. Esto provoca un declive importante para el hotel ya que su principal fuente de ingresos era el casino y el Duque, enfadado, nombra persona non grata al general. El hotel está en un callejón y se decide ceder la dirección del hotel a la Cadena HUSA, la más importante del momento.

Guerra Civil 

Tres días antes de que estalle la guerra fallece el Duque. Su viuda, la duquesa Dña. Fernanda de Salabert y Arteaga, cede el hotel a las fuerzas militares como hospital de campaña. Gracias a ello se salva de los destrozos del conflicto. 

Actualidad

Tras la Guerra Civil, el hotel necesitó volver a acondicionarse. Quedó listo en 1942, y reabre con todo el esplendor que tenía antes de la guerra. Es a partir de entonces cuando la flor y nata del mundo se aloja en él.

Acabada la guerra civil, el hotel reabre en 1942, y a partir de esa fecha vive su época más glamurosa, llegando a convertirse en un emblema internacional para el turismo de lujo, y dando lugar al mítico Alhambra Palace de nuestros días.

Orson Wells, Glenn Ford, Vivien Leigh, Henry Fonda, SS.MM. los Reyes de España, el Dalai Lama, Enrique Loewe, Adolfo Suárez, Calvo Sotelo, Charles de Gaulle, Manuel de Falla, Stephen Hawking, y un largo etc. que pueden ver en su libro de firmas.

Y volvemos a nuestro café. Un café con vistas, dentro del salón cafetería. Servido en su punto, ni amargo ni dulce, ni frío ni caliente. Traído a tu mesa por un camarero de chalequillo verde, a juego con el terciopelo de la silla.